Esta es Lupa, vital, cariñosa y feliz de nuevo. Desde hace un par de meses he podido empezar a quererla bien y va a más.

|
Lupa |
Nuestra historia comienza hace casi dos años. La conocí en una asociación a la que me dirigí semanas después de perder a mi querida perra Rita, compartiendo la vida durante casi 7 años y que me acompaña cada día (la bóxer con la vaquita). Enseguida me "enamoré" de ella, por su carácter alegre y afectuoso (más tarde me dí cuenta que, además, es guapa ¿a que sí?).
Lupa tenía entonces 2 años y medio; la habían llevado a la asociación tras un desastre familiar (ruina, divorcio, etc.), por lo que nunca fue maltratada ni vagabunda; todo lo contrario: vivía en un chalet con parcela, niños y perros amigos y....... no sabía ir de la correa porque siempre iba suelta a su aire por el campo. La habían educado para dentro de casa y, efectivamente, no ensuciaba ni rompía nada, pero fuera era incontrolable: tiraba de la correa, veía un perro o una persona y me arrastraba (ella pesa 30 kilos y yo 54) y, por supuesto, no obedecía si la llamaba. Bien, pese a todo esto la llevaba al parque y allí podía soltarla y jugaba con los perros, que es lo que prefiere. Pero en un par de meses la cosa cambió; ella tenía un comportamiento casi adolescente todavía y es muy bruta e impulsiva; fue conociendo perros, algunas hembras se le enfrentaban y ella aprendió a defenderse, hasta el punto de volverse "chulita" y de ahí, tras una pelea con mordiscos, a "atacar" a todo perro viviente. Ahí comenzó nuestro DRAMA, y quienes hayáis vivido esto sabréis que no exagero. Salir "acechando" y eludiendo el encontrarnos con otros perros, huyendo si se acercaba uno para evitar la escena de agresividad, tirones, disgusto.......aprovechar cuando llueve para ir al parque y poderla soltar porque no hay perros para que corra ........pero alguna vez aparece uno y se lían (afortunadamente nunca ha habido más que rasguños). Y esto durante meses; meses de desesperación y de no poder quererla bien, porque cuando se tiene tanto estrés no puede aflorar lo positivo.
Desde el comienzo pedí ayuda, primero a la asociación, haciendo un curso colectivo, adiestradores, etólogos (alguno de reconocido prestigio en los medios de comunicación), sin ningún cambio: intentaban diferentes cosas pero sin resultado, el etólogo diagnosticó "agresividad por territorialidad" y pronosticó que nunca iba a cambiar. Hubo gente que me aconsejó "devolverla" a la asociación y yo me lo planteaba por la perra, por ver si podía estar en otro sitio mejor, pero el problema lo iba a tener igual, a menos que estuviera en una finca y, además...... era mi perra, yo no quería separarme de ella.
Me negaba a creer que fuera irreversible y seguía buscando (ya llevábamos casi un año así). Ví la página de Cinco Huesos y me gustó y fuimos. Y ahí empezó el cambio. No costó mucho que Lupa fuese amistosa con los perros del Centro y en poco comenzó a jugar con Itaca una tarde que nunca olvidaré. En el exterior es donde ha costado más que se normalice su comportamiento (y todavía quedan algunas cosas). La paciencia de Carlos (sobre todo conmigo), el saber hacer y el tener los medios (un centro, unos perros...) están haciendo que Lupa sea una perra mejor que era antes de surgir el problema; vuelve a ser buena con los perros y, además, es obediente y más tranquila (aunque continúa siendo una bruta jugando), lo que le ocasionará menos enfrentamientos. Ahora ha de aprender más normas de conducta canina para que todos seamos más felices.
Los perros tiene una capacidad de adaptación y cambio muy superior a los humanos, por lo que no hay que tirar la toalla; ellos pueden cambiar si nosotros les ayudamos, como ellos nos ayudan en otras muchas cosas. Como Rita, y ahora también Lupa, me ayudan a mí.
Y ahora me voy a dar un paseo con Lupa, que ya es hora.
Rita, Lupa y Esther.
Escrito por Ester Domingo (Propietaria de Lupa)

|
Carlos y la manada del centro canino trabajando con Lupa |